Ése fue el título que le di a mi intervención en el segundo Congreso de Ilustración ILUSTRASAL, organizado por las estupendas personas responsables de Zink junto con la Universidad de Salamanca.

Al igual que en 2016, las jornadas del pasado 2017 fueron intensas, inspiradoras y muy interesantes para todos los que pasamos por allí. La diferencia notable entre una y otra edición es que durante este segundo año se multiplicó el número de asistentes, mérito absoluto de los organizadores por su grandísima labor y una alegría para quienes queremos seguir disfrutando de este encuentro unos cuantos años más.

Pencil ilustradores inauguraba estas jornadas el jueves 16 de noviembre con un taller gratuito titulado No sabía que, además de dibujar bien, tenía que hablar para ayudarnos a lidiar con el miedo escénico. Ese mismo jueves por la tarde, Bakea e Iban Barrenetxea se metían en el bolsillo a los numerosos asistentes mostrando dos perfiles profesionales muy dispares y un trabajo impecable. Durante la mañana del viernes 17 Drawfolio habló de “logística” en su charla Clientes fantásticos y cómo encontrarlos (en Internet), cosa que a los que estamos casi todo el tiempo con la nariz pegada al papel o la tableta gráfica nos viene muy bien. Esa misma tarde la maravillosa y genuina Verónica Grech y una que escribe aprovechamos nuestro momento de gloria para poner las cartas sobre la mesa y hablar de ilustración y trapos sucios. Por la noche, además, celebramos un Lápiz & birras (dedicaré un post más adelante para contar de qué va la cosa) en el que no cabía un alfiler. Y por último, el sábado 18 por la mañana Albert Monteys y David de Ramón nos deleitaron con su prolífico trabajo, su extendida experiencia y su maravillosa personalidad.

Más allá de la pena y la resaca emocional que me dejó haber pasado tres días rodeada de gente tan estupenda, mi experiencia como participante “activa” en este segundo congreso no pudo ser mejor. Me sentí arropada, inspirada y realmente a gusto. Estar en casa ayuda, desde luego, pero tener una buena respuesta por parte de la organización y los asistentes a la charla fue vital.

En mi intervención procuré por encima de todo ser honesta, evitando “postureos” y mostrando también la cara menos amable de la profesión. Desanduve lo avanzado hasta estos días para repasar los distintos retos profesionales por los que he tenido que ir pasando, revisando “patinazos” y saltos a la piscina sin seguro ni flotador, analizando aciertos y tomando nota de todo lo aprendido. Durante el pase de diapositivas pudimos confirmar como, a lo largo de estos años de profesión, no solo ha evolucionado mi trabajo sino que también lo han hecho mis expectativas, mucho más realistas que cuando empecé a trabajar en mis primeros encargos. Este proceso de maduración y de toma de contacto con la realidad me ha convertido en una persona más paciente, que no conformista, y más perseverante. Estos eran los valores que quería transmitir a los futuros ilustradores e ilustradoras que escuchaban atentos, porque ésta es una profesión maravillosa pero muy difícil. Aunque no sea así para todo el mundo, para la gran mayoría se convierte en una carrera de fondo y en ocasiones puede llegar a ser frustrante si uno tiene demasiada prisa por llegar (quién sabe dónde).

¿Y para que me ha servido a mí todo esto de dar charlas a futuros colegas? Pues para seguir madurando y evolucionando. Hace ya un tiempo que he empezado a moverme poco a poco más allá del estudio, mi refugio privado, y cada día estoy más convencida de lo necesario que es salir y conectar con la gente. Ya sean colegas, aficionados a la ilustración, dibujantes, amigos, curiosos… Es importante dar a conocer la profesión, la cara oculta y la cara visible, que hablemos de autoría, que demos a conocer al público en general nuestro papel en el mundo literario, que dejemos de ser ese “ente” que hace “dibujitos” encerrado en su estudio y que hasta hace dos días apenas aparecía en los créditos de los libros.

Compartir nuestra experiencia y escuchar las de otros es lo único que nos ayuda a mejorar y a crecer a título personal y como gremio. Y en ello estoy, así que MUCHAS GRACIAS a Zink y a los asistentes al congreso por brindarme la oportunidad de seguir creciendo, ya puedo decir en voz alta que superé con nota mi estado larval.

¡Nos vemos en la próxima!